Una aventura por el norte de Australia

Diciembre 16 de 2011

Wallaby en Ubirr

Wallaby en Ubirr

Muy emocionados nos encontramos en la ciudad de Darwin con mis papas y mi hermano Lucas y su novia Verónica para vivir la que sería nuestra última gran aventura de este viaje, un recorrido en de 4.000 kilómetros y de 10 días en carro casa por el norte de Australia.

Este viaje comenzó a configurarse meses a atrás por sugerencia de Lucas quien, viviendo en la ciudad de Melbourne, había escuchado de la tierra salvaje y desértica que compone el estado de Northern Territory en la gran Asutralia. Una tierra desolada pero plagada de maravillas naturales que tiempos atrás doblegó a los más grandes exploradores europeos. Una tierra animal, de reptiles, de lagartos. Una tierra sagrada, una tierra aborigen. Un par de horas en un café de Pokhara en Nepal fueron suficientes para que Alex y yo dibujáramos un recorrido de 10 días comenzando en Darwin, una ciudad muy al norte de Australia y finalizando de una forma casi mística en la gran piedra sagrada de Uluru situada en todo el centro del país. El plan era sencillo, manejaríamos un promedio de 300 kilómetros por día atravesando diferentes parques naturales en los que nos  dejaríamos sorprender por sus maravillas y dormíamos en pequeñas ciudades bajo el refugio de nuestro gran carro casa.

Cuando mi familia nos recogió en el hostal Dingo Moon pude notar la inmensidad del vehículo que habíamos arrendado. Lucas fue el encargado de esta tarea que por la “módica” suma de 3.800 dólares pudo rentar el carro casa más grande de la compañía y con las mejores comodidades. Con  espacio disponible para albergar la cama de 6 personas, este inmenso automotor disponía de todas las comodidades de una casa común. Una estufa de gas, extractor de olores, horno microondas, un baño, mesa para las cenas y por supuesto un potente aire acondicionado.

Luego de hacer un gran mercado bajo la coordinación de Verónica, nos dirigimos al Litchfield National Park, destino que habíamos escogido para disfrutar de sus innumerables caídas de agua. Los primeros pequeños canguros o wallabies se encargaron de darnos las bienvenida mientras transitábamos por una de las vías de acceso al parque. Ese mismo día, antes de llegar a nuestro primer camping park, paramos en el camino para conocer los termiteros que se expanden por cientos de kilómetros a llargo de toda la sabana. Aprendimos que estos pequeños animales pueden alinear sus castillos de arena hacia un sentido específico para mantenerlos refrigerados. Al atardecer y tras tres horas de camino, llegamos a  Safari  Camp, el cual nos sorprendió un poco por su austeridad. Fuimos recibidos por un campesino de avanzada edad que vivía allí mismo en una vieja y sucia casa rodante. En el lugar nunca vimos el bar, restaurante, café y lavandería que anunciaba uno de los catálogos de la región. Sólo un edificio de baños que para nuestra fortuna lucían impecables y un espacio suficiente para parquear y conectar nuestro carro casa a la energía eléctrica. El clima era cálido y extremadamente húmedo y por el terreno rondaban unas desagradables moscas que al parecer habían desarrollado un gusto especial por la cara de los turistas. Mantenerlas alejadas era un tarea constante. Luego de una ducha y de ver algunos canguros merodeando, el día nos despidió con unas gotas de lluvia y una agradable cena en El carro casa. Estábamos contentos y expectantes de lo que sería una gran aventura.

En la mañana del 17 de diciembre, nos dirigimos a conocer las Wangi Falls y pese a que recibimos la mala noticia de que en esta época del año no podíamos nadar en ellas porque las aguas altas producidas por las lluvias podrían eventualmente atraer cocodrilos, nos parecieron hermosas. Caminamos tranquilamente en medio de un sol abrumador y una humedad que hacía sudar a todos ante el más mínimo movimiento. Mis papas disfrutaron de una caminada corta, mientras que Lucas, Vero, Ale y yo hicimos una un poco más larga que nos condujo por un circuito que ascendía hacia el punto más alto de la caída de agua.

Wangi Falls

Wangi Falls

Más tarde fuimos a conocer las Tolmer Falls, las cuales esconden una gran cueva bajo sus aguas que sirve de santuario para miles de murciélagos. La plataforma que permite divisar las cataratas varios metros por encima, fue un sitio ideal para tomar unas buenas fotografías. Pasamos la tarde manejando de regreso a Darwin para tomar el camino a Kakadu National Park el parque más grande de Australia y famoso por su población y cultura aborigen.

Tolmer Falls

Tolmer Falls

En el camino, visitamos Mamukala Wetlands, un pantano desde el que se podían observar algunas aves y donde por primera vez pudimos ver un canguro cargando a su bebé en la pequeña bolsa exterior sobre su estómago. Luego de tres horas manejando, alcanzamos la ciudad de Jabiru donde nos hospedamos en el Aurora Kakadu Caravan Par, un cómodo parque con una gran piscina que no dudamos en disfrutar. En la noche hicimos un excelente asado bajo la coordinación de Lucas compuesto de carne, berenjenas, mazorca y ensalada.

Canguro y bebé en Mamukala Wetlands

Canguro y bebé en Mamukala Wetlands

Esa misma noche me sentí muy afortunado de que la vida me estuviera premiando con este viaje en medio de la mejor compañía. Sólo faltaba mi hermano Juan y su esposa para estar toda la familia completa. Sin embargo, me abrumaba la felicidad de compartir algo realmente diferente, especialmente con mis papás quienes no se hubieran aventurado a hacer algo similar sin nuestra compañía. Recordé, como si hubiese sido ayer, mis primeras caminatas con mi papá en la vereda de Guarne donde él tenía un pequeño terreno y una acogedora casa de techo rojo. En su compañía, él siempre de jeans y de sombrero y yo con botas pantaneras y tierra desde los pies a la cabeza, recorríamos los caminos de la región, visitando al viejo alemán Albin que siempre nos recibía con las más deliciosas frambuesas acabadas de cosechar, a Hugo donde mi papá se tomaba los primeros aguardientes del día siempre acompañados de guayaba verde y sobretodo yendo innumerables veces al nacimiento de agua donde la precaria bocatoma sucumbía ante el más mínimo aguacero, dejando sin el preciado líquido a toda la región. Como cualquier niño, lo acosaba con incontables preguntas. Papá, ¿por qué llueve? ¿Por dónde sale el sol? ¿Por qué se forma el arco iris? 28 años más tarde nos encontrábamos de nuevo viviendo una experiencia natural, yo con algunas canas y él con unas cuantas arrugas, me encontré de nuevo, como sí fuese aquel niño de vereda, preguntándole cosas esta vez relacionadas con la humedad del aire, el clima y el aire acondicionado.

En la mañana del día siguiente fuimos a visitar el centro de información turística del parque. En ese lugar, en el que permanecimos un par de horas, aprendimos que la región de Kakadu está compuesta por una tierra similar al de la sabana africana pero que en la época de las lluvias monsónicas, se vuelve exhuberante formando algunos paisajes similares a los del bosque húmedo del trópico. Adicionalmente, la tierra forma pantanos de una inmensidad incalculable, conocidos como los “Wetlands” que albergan una fauna y flora endémicas. Se dice que esta es una de las pocas regiones del mundo en el que no ha habido ninguna extinción de especies en los últimos 200 años. También aprendimos que Kakadu es considerado un patrimonio de la humanidad no solo por su diversidad natural sino por su tesoro cultural.

Las tierras de Kakadu fueron el hogar de muchas culturas aborígenes que vivieron allí por más de 20.000 años y que padecieron la colonización europea hasta prácticamente su extinción. Los ingleses llegaron a Australia a finales del siglo 18 y por años convirtieron a Australia en una gran prisión y en un centro minero. Encontraron aquí unos habitantes en su mayoría nómadas que bien supieron doblegar con sus armas de fuego con una crueldad y sevicia  similar a la de los españoles en América Latina. Hoy, el gobierno Australiano, arrepentido, ha devuelto las tierras a los pocos aborígenes que quedan y los protege con subsidios de todo tipo. Sin embargo, parece que el yugo del capitalismo ya ha caído ya sobre ellos haciéndolos vagar como zombies en las ciudades del norte y en medio de una miseria nunca antes conocida por sus antecesores.

Luego de visitar el pequeño museo del centro de información nos dirigimos hacia Ubirr, un lugar donde vivieron los aborígenes por miles de años y en donde se puede apreciar una muestra de arte rupestre. El camino nos sorprendió con algunas inundaciones de hasta 60 cm de produndidad y que nuestra Campervan no tuvo ningún inconveniente en superar. En Ubirr, quedamos sorprendidos no por el arte, sino por la belleza del paisaje. Un moderado ascenso de 250 metros a través de una roca nos dejó apreciar un paisaje hermoso compuesto por un pantano y selva que se extendían hasta el horizonte. En la cima de esa gran roca soplaba un viento cálido acompañado de un silencio ensordecedor. Que felices fuimos apreciando una vez más la exhuberante belleza de nuestro planeta ante la cual palidecen las más grandes creaciones humanas.

Arte aborigen en Ubirr

Arte aborigen en Ubirr

Ubirr

Ubirr

Ubirr

Ubirr

Ubirr

Ubirr

Arte aborigen en Ubirr

Arte aborigen en Ubirr

Esa noche acampamos en el Gagudju Lodge de Cooinda. Había mucha lluvia y mientras cenábamos le dediqué a mi mamá la historia de navidad de Diana Uribe. Cantamos villancicos y mi mamá lloró de alegría y de nostalgia navideña.

Nuestra casa rodante, aquí en el comedor (de día), cuarto de Alex y David (de noche)

Nuestra casa rodante, aquí en el comedor (de día), cuarto de Alex y David (de noche)

Al otro día, continuamos nuestro camino hacia el sur no sin antes visitar el Centro Cultural Aborigen. Nos enteramos una vez más del genocidio inglés y de la exterminación sistemática de la cultura local a través de las misiones cristianas. Mientras pasaba mis ojos de un cartel a otro, pensaba en cuán infame había llegado a ser la iglesia católica en su afán de llevar sus creencias mitológicas por el mundo. Historias de profetas milagrosos, ángeles alados y tierras del edén que con una excusa de amor y paz se han valido de terror, sangre y dolor para obligar a otros a seguirlos. Allí también conocimos la forma en como vivían estas personas en una armonía y total dominio de la naturaleza. En medio del ambiente hostil de la Tierra Norte de Australia, los aborígenes sabían con extraer alimento del árido suelo y los lugares adecuados para encontrar agua. Algunas de las tribus aborígenes eran nómadas y se movían constantemente entre está selva tropical y el desierto de las zonas más australes, en un conocimiento profundo de su tierra.

En el camino hacia Katherine, nuestro destino final del día, mi papá me compartió con lujo de detalles los acontecimientos de su carrera profesional. Me habló mucho de su trabajo en Empresas Públicas y en A. Faccini y de los duros acontecimientos sucedidos durante el desenlace final de la historia de esta compañía. El alba nos cogió en el Caravan Park Big4 en la ciudad de Katherine. Disfrutamos de un jacuzzi caliente en familia antes de hacer la cena e ir a la cama. Recuerdo que esa noche, en la oscuridad de nuestro cubículo de campervan, mi mente se encontró invadida por un sentimiento de admiración hacia mis papás. Como una película pasaban muchos momentos en los que su posición conciliadora había sido fundamental para mantenernos unidos como familia. Siempre dándonos consejos, pero sin imponer su voluntad, dándonos la libertad de escoger nuestro destino, nuestros propios gustos, nuestra pareja. Hoy, pese a la distancia física que nos separa los unos de los otros y gracias esclusivamente a esa pareja tan exepcional, nuestra familia es tan diversa como unida, cada uno con sus gustos y pasiones diferentes pero con un cariño fraternal mutuo inquebrantable. También me sentí admirado por la forma en que mis papás se trataban luego de más de 40 años de casados. Pude notar como mi papá agarraba la mano de mi mamá en las caminatas, en las paradas, en el camino, como si se tratara de un par de novios que recién están descubriendo los placeres del amor. Ellos en nosotros si que han puesto un punto muy alto con el mejor de los ejemplos.

Nos levantamos muy temprano para hacer un crucero por el Katherine Gorge, el principal atractivo de la región. El paseo consistía en un viaje por el río a través de tres de las gargantas y una pequeña caminata por un acantilado. Las tres gargantas del cañón nos impresionaron bastante con su belleza de color rojizo y sus laderas de roca entre un espeso manto vegetal. Vimos un cocodrilo de agua dulce que mereció algunas fotografías.

Katerine gorge

Katerine gorge

Beatriz y Nacho en Katerine gorge

Beatriz y Nacho en Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Katerine gorge

Dos horas más tarde, a eso de las 11 y 30 am, emprendimos el camino hacia Tennant Creek, situado a casi 600 km de distancia y donde deberíamos pasar la noche. Cuando llegamos a este lugar, pudimos darnos cuenta que no tenía nada en especial. Se trataba de un pueblo desolado, donde los aborígenes  se paseaban como zombies de tienda en tienda hablando un lenguaje incomprensible para nosotros. Era triste verlos en esa peregrinación infinita y darnos cuenta de que seguramente sus costumbres ancestrales eran tan ajenas para ellos como para nosotros.

Dormimos en uno de los únicos parques de la región, el Tennant Creek Caravan Park, y que pese a ser un poco más caro que el promedio, era de calidad inferior. El lugar estaba completamente invadido por toda clase de insectos, tal vez los más grandes que he visto en mi vida. A la hora de la cena hubo una gran conmoción para remover de la cabeza de mi mamá un hermosa Mantis Religiosa de unos 25 cm de largo. Fui el único que quiso tomar una ducha que a esa hora estabaa pagada de toda clase de bichos. Mi ducha usual se vio reducida a un par de minutos porque cada vez que cerraba los ojos imaginaba que los insectos que veía a mi alrededor me iban a atacar. Mi mamá, que en general es bastante temerosa par ese tipo de animales, afrontó la situación sin la más mínima muestra de incomodidad. No se quejó y sobretodo soportó con paciencia las incontables bromas que yo le hice con los insectos. Es muy admirable que se haya decidido a hacer este paseo pese a las inhóspitas condiciones de la región y al dolor de cadera que por estos días nos tiene a todos bastante preocupados.

Nuestro destino siguiente era Alice Springs, situado aproximadamente a unos 600 km de distancia. Pese al largo camino que teníamos que recorrer, decidimos desviarnos un poco para ver unas formaciones rocosas llamadas en lengua aborigen Karlu Karlu y en inglés Devils Marbles (Mármoles del Demonio). Pues bien, este lugar sí que valió la pena visitar ya que las formas que tomaron estas rocas como consecuencia de millones de años de erosión, nos sorprendió bastante. Luego de una corta caminata y, par su puesto, de muchas fotos, continuamos tranquilamente nuestro camino hacia Alice Springs.

Karlu Karlu

Karlu Karlu

Karlu Karlu

Karlu Karlu

Karlu Karlu

Karlu Karlu

Karlu Karlu

Karlu Karlu

El día pasó sin muchas más novedades en una carretera tan plana que es usada en algunas épocas del año para competencias de carros solares y en medio de un calor infernal que alcanzó a marcar 43 grados centígrados en el termómetro del carro. Nos acomodados en el Macdonnel Range Holiday Park, un buen lugar con piscina, algunos juegos y un BBQ que nos permitió disfrutar de un excelente asado con la sazón de Lucas.

Luego de una tranquila noche acompañada de algunas gotas de lluvia, emprendimos el camino hacia Uluru o Ayer Rocks, un de los atractivos turísticos más emblemáticos de Australia. Se trata de una gran roca de color rojizo que emerge 348 metros sobre la superficie y que está en medio de un gran desierto árido y plano. Los aborígenes cuentan que hace miles de años la tribu Anangu descubrió la roca en un viaje desde el norte y desde entonces ha sido considerada sagrada y fuente de disputa y guerras entre numerosas tribus provenientes de otras regiones. No es para menos, la geografía única y de particular belleza alberga varios oasis en un lugar donde el agua es sumamente escasa. Adicionalmente, es un refugio ideal para animales salvajes y por lo tanto una fuente de alimento ideal para los locales. Por años y hasta la invasión europea, este lugar fue fundamental para la supervivencia de las diferentes tribus. En el camino a Uluru, nos topamos con el monte Conner el cual sorprende por su geometría en forma de una meseta perfecta. Esta formación de roca y arena de 700 millones de años es usualmente confundida por Uluru, incluyéndome a mí que emocionado la aclamé mientras la veía en el horizonte sentado en el puesto de conductor de la Caravan. Una hora más tarde llegamos a la ciudad de Yulara la cual es una pequeña población que fue construida exclusivamente para servir a los turistas de Uluru. Nos hospedamos en el Voyages Ayers Rock Resort Campground el único de la región y el más costoso que pagaríamos durante está travesía.

Ese mismo día decidimos visitar Kata Tjuta (Las Olgas) con el fin de dejar el día siguiente para disfrutar de Uluru, el plato principal de la región. Para ingresar a Kata Tjuta, se debe pagar un pase de 25 dólares por persona el cual es válido por tres días y sirve también para visitar Uluru ya que ambas formaciones pertenecen al mismo parque, el Uluru-Kata Tjuta National Park. Kata Tjuta nos pareció simplemente espectacular. Se trata de una gran roca a la que el tiempo, a través de un proceso de erosión de 500 millones de años, ha resquebrajado y pulido para dar forma a 36 domos de roca masiva. En el lugar hicimos una caminata de una hora y media de duración en la que nos acercamos a una gran garganta que servía de refugio para un oasis, allí vimos a un par de canguros buscando agua.

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

Kata Tjuta

La tarde terminó apreciando el atardecer a lo lejos sobre Uluru con su tradicional color rojizo. Fue algo hermoso y espiritual contemplar a esa enorme roca apagarse, como si fuese una inmensa bombilla, al unísono con las últimas luces del día.

Uluru al atardecer

Uluru al atardecer

Preparados para el atardecer en Uluru

Preparados para el atardecer en Uluru

Atardecer en Uluru

Atardecer en Uluru

Nos levantamos muy temprano al día siguiente para ver el amanecer en Uluru.  La inmensa masa de roca cambia de color durante el día de acuerdo con la luz del sol y el atardecer y el amanecer son los momentos en que se puede ver más intensamente su color rojo.

Amanecer en Uluru, a la izquierda a lo lejos, Kata Tjuta

Amanecer en Uluru, a la izquierda a lo lejos, Kata Tjuta

Amanecer en Uluru

Amanecer en Uluru

Luego visitamos el centro cultural del parque, donde aprendimos muchas cosas acerca de la vida de los Anangu y de los animales salvajes que habitan en la región. También nos enteramos que tras la colonización y posesión de estas tierras por parte de los ingleses, estas fueron devueltas a los Anangu en 1985 quienes en la actualidad manejan el parque en conjunto con las autoridades australianas. Con un sentimiento encontrado observé las fotografías del día de la devolución por ser estas la representación de un acto innecesario si el gobierno inglés no hubiese incurrido en las atrocidades que caracterizaron su ocupación. Con bastante curiosidad observamos un libro de cartas de personas alrededor del mundo que, habiéndose llevado una roca del lugar, la devolvían por la mala suerte que les había traído. También nos enteramos que el camino a la cima de la roca, abierto en algunos meses del año, se encontraba cerrado en está época por la elevadas temperaturas. Luego fuimos a hacer una pequeña caminata alrededor de la piedra, donde pudimos apreciar de cerca su inmensidad rodeada en algunos tramos por oasis y pequeños bosques de matorrales óptimos para el refugio de animales salvajes.

Uluru de cerca

Uluru de cerca

Uluru de cerca

Uluru de cerca

Pozo de agua en Uluru

Pozo de agua en Uluru

Pasamos la tarde manejando hacia Kings Canyon, nuestro último destino antes de regresar a Alice Springs, en el camino vimos varios incendios al lado de la carretera. Una vez allí, nos quedamos en el único resort del lugar donde pudimos disfrutar de una buena piscina. En el lugar era bastante común ver grandes lagartos.

Incendio al lado de la carretera

Incendio al lado de la carretera

Lagarto, medía más o menos 1.3 m

Lagarto, medía más o menos 1.3 m

El último día de camino, lo pasamos en el Kings Canyon, un hermoso cañón que se puede recorrer en poco más de dos horas. Pese a que el calor era abrumador, Lucas, Vero, Alex y yo nos aventuramos a hacer la caminata de 6 km que bordea el cañón por la parte superior. La belleza del paisaje no se hizo esperar cuando terminamos el ascenso de los primeros escalones. Pudimos observar el cañón en todo su esplendor con sus formaciones de roca muy característico de la región del norte de Australia. Se dice que este lugar era plano y que a causa del viento y el paso de muchos millones de años, la roca se fue esculpiendo para lucir la curiosa forma redondeada de los acantilados. Durante el camino pudimos ver de nuevo varios oasis sobre la árida roca que invitaban a la formación de las más variadas formas de vida. El recorrido, que nos tomó 2 horas, fue realmente espectacular y puede merecer estar entre una de las mejores cosas que vimos este país.

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon, ¿ves a David en la foto?

Kings Canyon, ¿ves a David en la foto?

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

Kings Canyon

En la tarde tomamos el camino de regreso a Alice Springs donde tendríamos la cena de navidad y descansaríamos otro día para dar por culminada esta travesía. Fueron un poco más de 400 km de regreso que a Lucas a y mí, los principales conductores del paseo, nos desgastaron un poco. Sólo fue hasta ese día que pude notar que todos los conductores de la carretera hacen un pequeño saludo siempre que se topan con otro auto. Una señal de camadería en estas solitarias tierras del norte.

Una vez en Alice Springs, nos quedamos en el mismo lugar de antes y tuvimos un buen asado en celebración de la navidad preparado como siempre bajo la coordinación de Lucas. Esa noche hablamos de todo, los proyectos venideros, la historia de Australia en cabeza de Alex y sobretodo de la gran infancia que tuvimos en medio de una familia unida. Lucas de nuevo nos compartió algunas de sus aventuras en este país, de su trabajo como Barista, de su primera noche en Sydney, del pánico que sintió al darse cuenta que estaba sólo en un lugar desconocido. Mi hermano, a quien antes veía como a un niño, ya era un adulto hecho derecho, con una exitosa carrera en estas tierras lejanas. A sus 30 años, Luqueiro ya había logrado lo que muchos Colombianos no habían conseguido en este país en años de perseverancia: tener una posición reconocida con empleo profesional en un mercado altamente competitivo. Que gran orgullo.

Familia en navidad

Familia en navidad

El último día la pasamos descansando en la piscina. Lucas me contó de los “bogans“, el nombre peyorativo que le dan a la clase trabajadora de Australia. Son personas de baja educación, que tienen trabajos generalmente en construcción y son los representantes de la clase media australiana. Los bogans suelen viajar en carros casas, tienen varios hijos y su dieta es rica en carne y tocino. Los bogans fueron, en la mayoría de los casos, nuestros compañeros en los parques y con quienes disfrutamos de un desayuno  colmado de pancakes el 25 de diciembre en Alice Springs.

El 26 de diciembre de 2011, tomamos un vuelo de regreso a Melbourne en medio de un sentimiento tan grande de felicidad como de nostalgia. Estas habían sido sin duda alguna unas vacaciones diferentes y maravillosas. En nuestra mente quedarían grabadas por siempre aquellas tierras australianas que llenaron de belleza y admiración nuestros ojos. Una tierra roja, antigua, desértica que sirvió como el mejor telón de fondo para disfrutar de  uno de los más grandes placeres, la compañía de nuestra familia.

Viva Australia y viva esta gran travesía de ocho meses que hoy culmina abriendo la puerta hacia una nueva vida en Colombia que marca el regreso a la realidad.

Saludos,

David P

Australia: lejos de todo

[Melbourne, Sydney, Cairns - 1 al 15 de diciembre de 2011]

Sydney

Sydney

Es difícil encontrar una frase para definir Australia. Es un país del tamaño de un continente en el que hay gran diversidad a pesar de su corta historia desde la colonización y es un destino que para nosotros desde Colombia está “al otro lado del mundo” (aunque ya aprendimos que la Conchinchina es Vietnam jiji). Es también difícil contar la historia de nuestro último mes de viaje. Luego de tantos lugares inolvidables, personas maravillosas, experiencias épicas, empezar la cuenta regresiva para volver a la rutina de la vida nos llenaba de nostalgia y sentimientos encontrados.
Australia para nosotros era un destino al que llegábamos sin ninguna expectativa particular. Lo incluimos en el itinerario porque aquí vive Lucas, el hermano de David y planeamos pasar la navidad con sus papás. Llegamos un poco cansados después de 6 meses de viaje y especialmente de la pequeña maratón que habíamos tenido en Nueva Zelandia.

El territorio australiano estuvo poblado durante miles de años por los “aborígenes”, quienes debido al gran aislamiento de la isla desarrollaron una fisionomía y una cultura muy únicas en el mundo. A finales del siglo 18 se “descubrió” el territorio y durante el siglo 19 fue utilizado por los ingleses como cárcel. Posteriormente recibió miles de inmigrantes contagiados por la fiebre del oro y en el siglo 20 se consolidó como un país de puertas abiertas, una tierra multicultural a la que aún ahora, en el siglo 21 siguen llegando miles de extranjeros en busca de mejores oportunidades de vida.

La primera semana la pasamos en Melbourne, que es la ciudad donde vive Lucas. Allí nos encontramos con los papás de David y disfrutamos con ellos y con Verónica (la novia de Lucas) conociendo esta hermosa ciudad. El centro de la ciudad, llamado “la city”, estaba vestido de Navidad y aunque no se compara a las luces de Medellín, fue una hermosa manera de sentir el espíritu navideño. Visitamos el museo, el jardín botánico, la zona “rosa” y la playa de Saint Kilda así como la península Mornington donde recorrimos un viñedo, una granja de fresas y la playa.

Río Yarra en el día

Río Yarra en el día

Puente sobre el río Yarra

Puente sobre el río Yarra

Caminando por el río Yarra en la noche

Caminando por el río Yarra en la noche

Río Yarra en la noche

Río Yarra en la noche

Parque Albert

En el Parque Albert con Verónica

Melbourne nos pareció una ciudad supremamente organizada y en la que se respira un ambiente multicultural (muy bien reflejado en la riqueza de su gastronomía). Disfrutamos enormemente las tertulias familiares alrededor de un café o en un bar de chocolate, las caminatas tranquilas bordeando el río Yarra, incluyendo el show de fuego nocturno en frente del casino y el atardecer en la bahía, que nos permitió ver muy de cerca a los pingüinos azules en la colonia que vive allí. Verónica y Lucas fueron unos anfitriones increíbles y la pasamos muy bien en familia.

Bicicletas para alquilar en Melbourne, aunque es más barato comprarse una!

Bicicletas para alquilar en Melbourne, aunque es más barato comprarse una!

Jardín Botánico Melbourne

Jardín Botánico Melbourne

Viñedos

Viñedos

Helado de fresa con merengue de fresa en la granja de... fresas!!!

Helado de fresa con merengue de fresa en la granja de... fresas!!!

Pingüinos azules en St Kilda

Pingüinos azules en St Kilda

De allí nos fuimos para Sydney donde nos recibió Carolina, una amiga colombiana que trabajó con David en dos oportunidades. Caro nos mostró la ciudad de esquina a esquina, y visitamos también un parque natural llamado “Blue Mountains” donde hicimos una caminata muy agradable. En Sydney, a pesar de que David estaba un poco enfermo, recorrimos los lugares icónicos: la ópera, el jardín botánico, el puente sobre el puerto, el tradicional barrio “the rocks”, el centro de la ciudad, Darling Harbour, Kings Cross, Bondi y las playas, Paddington y Manly. Fueron 5 días muy especiales en los que en compañía de Caro y su esposo Jaime disfrutamos mucho de esta ciudad tan especial envueltos en profundas conversaciones en las que se nos iban las horas.

El puente sobre el puerto

El puente sobre el puerto

Jardín Botánico de Sydney con Carolina

Jardín Botánico de Sydney con Carolina

La navidad en el centro de la ciudad

La navidad en el centro de la ciudad

Darling Harbour

Darling Harbour

Darling Harbour

Darling Harbour

Manly, aunque no era el mejor día para estar en la playa

Manly, aunque no era el mejor día para estar en la playa

En Manly con Carolina y Jaime, nuestros anfitriones

En Manly con Carolina y Jaime, nuestros anfitriones

El edificio de la ópera

El edificio de la ópera

La ópera de noche

La ópera de noche

La ciudad en la noche

La ciudad en la noche

Sydney nos pareció una ciudad un poco caótica, inclusive por momentos nos sentimos agobiados con la cantidad de gente en el centro de la ciudad, con los aborígenes mendigando o con la suciedad de las calles y de los buses.  Obviamente no es Bogotá ni ninguna de nuestras ciudades del tercer mundo, pero de alguna manera teníamos un poco más de expectativas sobre este lugar tan famoso.  Aún así tiene lugares con mucho encanto y disfrutamos especialmente la caminata de las playas.

Las tres hermanas

Las tres hermanas - Blue Mountains

Blue Mountains

Blue Mountains

Bondi, en el camino de la playas

Bondi, en la caminata de la playas

Caminata de lasplayas

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Caminata de las playas con Carolina

Caminata de las playas con Carolina

Caminata de las playas

Caminata de las playas

Desde Sydney nos fuimos para Cairns, una ciudad en la costa este, uno de los principales lugares para visitar la Gran Barrera de Coral. El calor nos golpeó con toda su fuerza, después de casi 3 meses que habían sido especialmente fríos. Tomamos un crucero para ir a la Gran Barrera, David para hacer buceo y yo para “caretear”. Es un paseo de todo el día en el que en bote nos acercamos a dos lugares de la barrera en la parte exterior. La barrera, aunque es la estructura viva más grande del mundo, es tan extensa que no se aprecia bien desde el nivel del mar y probablemente sea mejor verla desde el aire (aunque no lo hicimos). El buceo para David estuvo “bien” pero para mí es el mejor snorkeling que he tenido. Vi miles de peces espectaculares y de todos los tamaños, incluyendo algunos Humphead Maori de más de 1 metro de largo. Estuvimos un par de días más en Cairns, en la piscina pública de la ciudad y caminando un poco. Nos impresionó muchísimo la cantidad de murciélagos que en el día dormían en las copas de unos árboles y al atardecer salían volando a cubrir el cielo.

Cairns

Cairns

La piscina pública en Cairns

La piscina pública en Cairns

Nuestras primeras dos semanas en Australia fueron relativamente tranquilas, disfrutando del calor de hogar que hacía muchos meses no sentíamos (a excepción, por supuesto, de los días que pasamos en Auckland en la casa de nuestros amigos). Nos pareción que si bien las ciudades que visitamos eran relativamente organizadas y modernas, también estaban rodeadas del fantasma de la colonización que sufrieron los aborígenes.  Sus pasos arrastrados por las calles, su piel morena, sus labios muy gruesos, su olor a licor, su acento imposible de entender, nos mostraban a unos antiguos propietarios de este país lleno de riquezas, ahora reducidos a unos pocos y en una situación visiblemente muy inferior con respecto al resto de los habitantes europeos, asiáticos o americanos.

También nos impactó el alto costo de todo en este país, indiscutiblemente fue el lugar más costoso que visitamos en nuestro viaje y aunque contamos con la suerte de tener a donde llegar, la comida, el transporte y la más mínima actividad nos parecieron de precios exhorbitantes. Australia en realidad nos pareció lejos de todo (para devolvernos por problemas en los tiquetes nos tardamos 4 días), un país con muchos lugares para conocer, pero que probablemente no incluiríamos en un próximo itinerario.

Love NZ, nuestro recorrido por la Isla del Sur

Nueva Zelandia, noviembre 13 al 30 de 2011]

Teníamos grandes expectativas sobre la isla del sur. Muchas personas que conocimos durante los últimos meses nos dijeron que era aún más espectacular que la isla del norte y Mónica y Juan Pablo nos transmitieron lo mismo luego de su paso por este país. Luego de terminar el Milford Sound, alquilamos un carro en Queenstown, una forma muy económica para viajar en Nueva Zelandia. El valor del alquiler diario es de 25 dólares neozelandeses (menos de 20 dólares americanos) por un carro “viejito”, automático y en buenas condiciones. El seguro todo incluido son otros USD 12, con lo que por USD 32 al día tuvimos total libertad para desplazarnos por el país.

Otra ventaja que encontramos fue la posibilidad de disminuir el costo del alojamiento durmiendo en nuestra carpa. Una habitación con baño compartido cuesta por lo menos USD 65, una cama en un hostal alrededor de USD 25 por persona. Acampar en lugares supremamente cómodos, con muchas facilidades y generalmente rodeados de un paisaje hermoso nos costó en promedio USD 30 por los dos. Así pudimos también ir mercando y cocinando nuestra propia comida.
Con un plan medio armado, que fuimos modificando varias veces en el camino, recorrimos las siguientes ciudades (en este orden):

Queenstown

Es la capital de la adrenalina por excelencia, base para visitar Te Anau, el Milford Sound y en general la region de Fiordiland. Adicionalmente es una ciudad encantadora, con calles organizadas, sin un solo semaforo, un hermoso lago, montañas nevadas, campos para esquiar (en el invierno) y una oferta gastronómica completa.

Queenstown

Queenstown

Queenstown

Queenstown

Arrowtown

Apenas a unos kilómetros de Queenstown, este hermoso pueblo conserva el encanto de una ciudad anclada en el tiempo. Nos sentíamos caminando por las calles de Disneyland

Arrowtown

Arrowtown

Arrowtown

Arrowtown

Dunedin

Tomamos un tour para ver a los pingüinos de ojos amarillos en una reserva. Allí pudimos ver a las parejas de pingüinos con sus crías de apenas unas semanas y el proceso en el que uno de los padres regresa del mar con la comida y cambia con el otro más o menos cada 12 horas. Es un buen ejemplo de una industria privada organizada alrededor de la conservación de una especie, allí los pingüinos siguen viviendo en sus tierras milenarias mientras los propietarios reciben ingresos económicos (por las visitas de los turistas) y participan activamente en la conservación de su hábitat. También vimos volar a los albatroz, unas aves marinas que pueden vivir siempre en el mar y cuyo tamaño (de extremo a extremo de las alas) puede ser de 3 metros. Visitamos la fábrica de chocolates de Cadbury, donde David fue tan feliz como la primera vez que visitó la fábrica de Nacional de Chocolates en Rionegro.

El hábitat de la colonia de Albatroz

El hábitat de la colonia de Albatroz

Albatroz

Albatroz

Pingüinos Oji amarillos

Pingüinos Oji amarillos

La reserva de los pingüinos

La reserva de los pingüinos

Lago Tekapo

Un lago de aguas azules, rodeado de montañas nevadas y con una pequeña población. Ver el paisaje es todo un espectáculo, más aún desde la colina en la que queda el observatorio.

El lago desde el pueblo

El lago desde el pueblo

Subiendo la colina hacia el observatorio

Subiendo la colina hacia el observatorio

Desde la colina del observatorio

Desde la colina del observatorio

Desde la colina del observatorio

Desde la colina del observatorio

Monte Cook

Es la montaña más alta de Nueva Zelandia, allí tomamos un pase para ver todas las películas del planetario, incluyendo un documental sobre Edmund Hillary, el neozelandés que en compañía del nepalés Tenzin Norway fue el primero en escalar el monte Everest. Armamos nuestra carpa en el camping del Departamento de Conservación y al día siguiente hicimos tres caminatas cortas en los alrededores. Así pudimos ver el Monte Cook y los que lo rodean en un día completamente despejado.

Nuestro campamento al lado del glaciar

Nuestro campamento al lado de la montaña

Monte Cook

Monte Cook

Desde el primer puente colgante en el camino Hooker Valley

Desde el primer puente colgante en el camino Hooker Valley

Mirador en Kea Point

Mirador en Kea Point

Tasman Valey (clic para ver mas grande) todo lo que se ve cubierto de tierra es el glaciar Tasman

Tasman Valey (clic para ver mas grande) todo lo que se ve cubierto de tierra es el glaciar Tasman

Glaciar Tasman, tiene 600 metros de profundidad, 27 km de longitud y 4 km de ancho

Glaciar Tasman, tiene 600 metros de profundidad, 27 km de longitud y 4 km de ancho

Edmund Hillary mirando el Monte Cook

Edmund Hillary mirando el Monte Cook

Wanaka

Otra hermosa ciudad al lado de un lago. Tuvimos la fortuna de tener un clima espectacular, así es que hicimos la caminata de 3 horas al glaciar Rob Roy. En el camino cruzamos un hermoso bosque mientras ascendíamos bordeando el río que nace del glaciar. Al llegar al mirador del glaciar pudimos ver algunas avalanchas en la montaña.

100% Merino wool

100% Merino wool

Rio que se cruza para llegar al glaciar

Rio que se cruza para llegar al glaciar

Glaciar Rob Roy

Glaciar Rob Roy

Glaciar Rob Roy

Glaciar Rob Roy

Bosque a orillas del rio, parecia que ningun humano hubiera estado alli antes

Bosque a orillas del rio, parecia que ningun humano hubiera estado alli antes

Haast, Fox, Springfield

Teníamos el plan de hacer una caminata en el glaciar Fox, ya lo habíamos hecho antes en el glaciar Perito Moreno en Argentina y era una experiencia que aún recordábamos con emoción, sin embargo el clima se puso terrible y llovió sin parar durante casi 3 días. Pasamos 2 noches en Haast, metidos en la sala de tv del parque vacacional. La segunda noche el terreno donde estaba nuestra carpa se inundó y el administrador del lugar muy amablemente nos ofreció una habitación a mitad del precio normal. Cuando llegamos al glaciar Fox el clima estaba igual de malo y luego de un café continuamos hacia el “Arthur Pass” pero no se veía nada más allá de unos pocos metros, por lo que seguimos hacia la siguiente población: Springfield! Allí no encontramos donde acampar y pasamos la noche en un hostal.

Atardecer en Springfield

Atardecer en Springfield

Kaikoura

Llegamos a la costa este con un sol resplandeciente y un mar azul claro rodeado de montañas. Allí las principales atracciones son los delfines, las focas y las ballenas. Tomamos un tour para ver las ballenas y salimos completamente decepcionados: apenas pudimos ver durante algunos minutos el lomo de la ballena y luego por 18 segundos el momento en que sacó la cola para sumergirse! Todo desde muy lejos y por casi USD250. Al día siguiente hicimos la caminata por la península, un agradable paseo de un par de horas (y gratis!) en el que al caminar por la playa se ven las focas y las gaviotas anidando y al caminar por la parte superior de la montaña se ven las hermosas formaciones del mar.

La península desde arriba

La península desde arriba

La península desde arriba

La península desde arriba

La península desde arriba

La península desde arriba

La península desde abajo, por favor noten los polluelos a la izquierda de la mama

La península desde abajo, por favor noten los polluelos a la izquierda de la mama

La península desde abajo

La península desde abajo

Blenheim

En la zona vinícola de Marlborough visitamos un viñedo donde pudimos catar sus deliciosos productos. Sólo visitamos uno: nuestra tolerancia al alcohol es muy baja! Pero hay cientos para recorrer.

Picton

Una pequeña población a orillas del mar que une la isla del norte con la del sur a través del ferry. Allí pudimos ver el hermoso Malborough Sound desde diferentes pequeñas caminatas alrededor de la ciudad.

Marlborough Sounds

Marlborough Sounds

Marlborough Sounds

Marlborough Sounds

Marlborough Sounds

Marlborough Sounds

Abel Tasman

Una de las 9 “grandes caminatas” de Nueva Zelandia. Elegimos una ruta de dos días, tomamos un acua-taxi hasta Awaroa desde donde vimos las focas y los pingüinos azules y desde allí nos devolvimos hacia el inicio del parque. El camino es espectacular ya que se rodea el mar algunas veces caminando por la playa y otras atravesando los bosques. Fue nuestra caminata favorita en Nueva Zelandia, disfrutamos mucho de las playas solitarias, las aguas cristalinas, los bosques verdes y como siempre los lugares impecablemente limpios y bien cuidados de este país. Conocimos allí a John y Nia unos canadienses que estaban haciendo el camino de 3 días con su pequeña hija Lucy de apenas un año y medio, muy admirable teniendo en cuenta que en este parque hay que ser completamente autosuficientes: cargar la carpa, el fogón y todos los implementos para cocinar, la comida y toda la basura (incluyendo los pañales sucios!).

El mar completamente azul

El mar completamente azul

Anchorage

Awaroa

David cruzando Torrent Bay, solo se puede pasar en marea baja (y miren a donde nos llegaba el agua)

David cruzando Onetahuti Bay, solo se puede pasar en marea baja (y miren a donde nos llegaba el agua)

Torrent Bay

Onetahuti Bay

Nuestro campamento en Bark Bay

Nuestro campamento en Bark Bay

Bark Bay

Bark Bay

Una de las playas privadas del camino, entre los arboles hay una casa a la que solo se puede llegar en bote

Una de las playas privadas del camino, entre los arboles hay una casa a la que solo se puede llegar en bote

Torrent Bay

Torrent Bay

Torrent Bay

Torrent Bay

Hanmer Spring

Su gran atractivo son las aguas termales en un complejo de casi 20 piscinas donde se encuentran opciones con diferentes temperaturas y minerales. Un buen plan, muy relajado, para descansar de tantos días agitados.

Christchurch

La ciudad más grande de la isla del sur sufrió un fuerte terremoto este año. El centro de la ciudad está cerrado y se pueden ver vestigios de los edificios destruidos (aunque ya están demolidos totalmente). Nos quedamos un par de noches, visitamos el jardín botánico, fuimos a cine y pasamos una tarde estupenda en el centro de la Antártica.

Christchurch

Terminamos nuestro recorrido de un mes en Nueva Zelandia, muy satisfechos de haber conocido tantos lugares hermosos, de compartir con Julie e Iain en Auckland (Isla del Norte), de recorrer el Milford Track, de descubrir un país que (de los que conocemos hasta el momento), ha sabido combinar el desarrollo con el cuidado armónico de los recursos naturales.

Nueva Zelandia definitivamente nos conquistó, sin mas que decir, I LOVE NZ!

Para ver algunos videos, clic aquí!